lunes, 3 de junio de 2013

El emperador está triste

El emperador está triste, el milagro soy yo. Esta forma peculiar de percibir la realidad se manifiesta en evidencias como confundir lo público y lo privado constantemente, de manera que se puede convertir un acto íntimo en acontecimiento de Estado y también pasar a manos privadas gran parte del patrimonio colectivo sin ningún complejo  El milagro soy yo, pero el tiempo es canalla y ha demostrado que el famoso modelo español de crecimiento, descansaba en una bomba de relojería cebada para que estallara unos cuantos años después, en forma de burbuja inmobiliaria. El milagro soy yo, quedaba por averiguar si la bonanza sirvió, al menos,  para que viviéramos mejor, pues tampoco, las portadas de los periódicos indican que los beneficios que se obtuvieron en el ciclo alcista, se trasmutaron en corrupción y acumulación de capital en el entorno del emperador. Y ahora vuelve y sigue diciendo que el milagro es él, que lo hizo y lo volvería a hacer. Por favor que este emperador, artificiero de la política continúe actuando con fuego cruzado pero que no disponga nuevamente de armas de destrucción masiva porque podía ser letal.

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